Cómo aprender a decir no

Aprender a decir que no sin culpas

Para algunas personas es sencillo decir que no a una propuesta o solicitud, pero para otras, dar la negativa es una experiencia traumática. Si eres de los que acceden a más de un pedido que no es de tu agrado, presta atención a los siguientes consejos para aprender a decir que no sin culpas ni complejos.

En qué casos decir que no

A veces, una persona querida y cercana nos hace un pedido que, simplemente, no podemos rechazar. Estos asuntos son de importancia, de urgencia, son favores que, aunque no fueran parte de nuestro plan original para el día, significan una enorme ayuda.

Por otro lado, hay solicitudes que nos hacen que son sólo en beneficio o comodidad de la otra persona, y no cuestiones necesarias realmente. He aquí la gran diferencia: cuando es algo ineludible o necesario, puedes acceder o decir que no si en verdad no puedes, mientras que si se trata de un pedido por simple comodidad, puedes decir que no en tu propio beneficio.

Deja la culpa de lado al decir que no

Da la negativa cuando en verdad no puedas u obstaculice tu día el acceder a ese pedido, y ten en cuenta que, si dijeras que sí, podrías terminar tú siendo el que tenga la necesidad o molestia de la interrupción del día.

Veamos un ejemplo de lo dicho. Supongamos que tu amiga tiene que retirar a su hijo de la escuela, pero ha tenido un problema con el coche y ha quedado varada en medio de la carretera. Te llama y te pide retirar al niño en su lugar. Pues si vas en la misma dirección y no interrumpe tu día, accedes con gusto; y si estás en medio de una reunión de trabajo o en medio de una cita con el doctor, puedes excusarte y explicar tu situación, para que tu amiga pueda pedir el favor a otra persona que tenga el tiempo y la disponibilidad de hacerlo. Ya nadie saldrá herido, abandonado, culpable ni traicionado, pues se han hablado las cosas claramente.

Y si tu amiga te pide que retires al niño de la escuela porque ella está charlando con amigas, o prefiere ir al cine, o simplemente porque no tiene ganas, puedes dar la negativa aunque no tengas ninguna urgencia. Si prefieres, puedes decir que sí, pero con la condición de llevar al niño a tu casa, para que tu amiga lo busque cuando termine sus asuntos, a modo de recordatorio de que tu tiempo vale y que no estás a su entera disposición.

Decir que no cuando en verdad no puedes no debe suponer culpas, mientras que no saber decir que no a nada es sólo un reflejo de poco valor por ti mismo. Si tú no te valoras, ni valoras tu opinión ni tu tiempo, y terminas accediendo a hacer cosas que interrumpen tu día, entonces no podrás pretender que los demás sí lo hagan. Eres tú quien debe priorizar el valor de su tiempo y su vida, sin olvidar la generosidad y la simpatía por las demás personas. Decir que "no" no es un trauma, sino una respuesta, tan válida como ese "sí" que estás dispuesto a dar constantemente.

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