Cómo tener una buena conversación

¿Qué es una buena conversación?

Definimos como una buena conversación, aquella que hubiera sido de provecho, que nos enseñe y nos deje enseñar, que se comparta en el mejor sentido de la palabra, y la cual, al finalizar, nos deje una sensación de satisfacción, una sonrisa en el rostro, y un momento muy grato compartido. Por eso es que las ganas de mantener el diálogo son imprescindibles, pues es la motivación necesaria para lograr en ambas partes el deseo de permanencia, la apertura mental y la satisfacción posterior.

El diálogo sucede cuando, al menos, hay dos personas, una emitiendo y una recibiendo, en una situación y sobre un tema. Luego, se produce lo que se denomina una "retroalimentación", es decir, una respuesta. Esto es lo que hace al diálogo posible, y es el momento en el que se invierten los roles del proceso comunicacional.

Piénsalo de este modo: en un seminario hay un importante profesional hablando sobre un tema específico, te interesa, abres tu mente a ello, lo escuchas y absorbes cada una de sus palabras. Seguramente que al salir de allí estarás satisfecho, pero: ¿ha habido diálogo?. Pues no, la conversación sucede cuando ambas partes interactúan recíprocamente. Este es otro dato imperativo de una buena conversación.

¿Qué se necesita para tener una buena conversación?

Para mantener una buena conversación es necesario que haya dos o más personas con ganas de interactuar. También debe darse en la situación apropiada: un ambiente calmo, relativamente silencioso, lo suficientemente privado, sin factores ambientales o externos que interrumpan el proceso comunicativo, como pueden ser aromas desagradables, ruido ambiental muy alto, bocinas, gente gritando, o un ambiente intranquilo y hasta caótico en general.

Luego, debes prestar atención a tu propio comportamiento. Además de tener ganas, debes tener la intención de darte a esta conversación. Para ello, propone ideas y pensamientos, y escucha atentamente a lo que te dice la otra persona. Este interés es lo que permitirá los acuerdos y desacuerdos sobre el tema en cuestión. No es necesario que ambos opinen lo mismo, sino que tengan el respeto mutuo suficiente como para tomar en consideración la idea o pensamiento del otro, y luego tener la libertad y comodidad de proponer los propios.

Sin ganas, sin intención y sin respeto, la conversación será un intercambio de opiniones enfrentadas, de emociones cruzadas, una lucha por ver "quién convence al otro" cuando, en realidad, esto es contrario a lo que reconocemos como "una buena conversación".

En tu próxima charla, pon en práctica los puntos aquí expuestos, y evalúalos por ti mismo.

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