Qué hacer cuando un niño no quiere ir a la escuela

Im agínese que una mañana uno de sus niños le dice “ma, no quiero ir a la escuela”. Igual que los adultos, los chicos sienten el desgaste físico y mental y aunque parezca que no pueden quedarse quietos, se cansan y pueden necesitar un día de descanso.

Pero como también el pedido puede esconder algún problemita, se hace necesaria una pequeña investigación ante la presencia de una situación como ésta.

Lo primero, es asegurarse de que no esté enfermo. Preguntar si algo le duele o molesta, controlar la fiebre, etc. Si bien, muchos piensan que si la temperatura del niño no es alta no es necesario que falte a la escuela, se debe igualmente estar alerta, ya que puede ser el síntoma previo al desencadenamiento de alguna enfermedad.

En ocasiones, por jugar o tener demasiadas actividades, los niños no comen bien y pueden llegar a desarrollar ligeras anemias que los hace sentir cansados, desganados.

Otra causa común que puede provocar un malestar o dolores al despertarse, puede ser una clase de Educación física exigente unos días atrás, que haya dormido mal o inquieto, por algo que los preocupa, como puede ser algún programa visto la noche anterior, un día muy exigente, alguna lección, prueba o examen que tengan ese día, etc.

Ahora, si este episodio se produce de manera seguido y no hay una razón “justificada” para el mismo, podemos comenzar a pensar que el problema real se encuentra en la escuela. En ese caso, y “como quien no quiere la cosa”, con delicadeza y de manera muy amable, trate de preguntarle si tuvo algún inconveniente con algunos de sus compañeros de escuela o maestros, o si las tareas o actividades para la casa les resultan demasiado complicadas y difíciles de resolver por si solos. También se puede acudir a su maestro o profesores, ya que ellos pueden ser un gran aliado a la hora indicarnos cual puede ser el problema y como solucionarlo.

Si tampoco encontramos un justificativo real en la escuela, es la hora de analizar el ambiente familiar, ya que también allí se puede encontrar la base del problema. Algunos niños suelen reaccionar a los conflictos del hogar, buscando aislarse o por el contrario, buscando mimos, para sentir que los aman y que el cariño por ellos sigue intacto a pesar de las dificultades existentes. También puede ocurrir, que los padres le exijan mucho académicamente y los niños teman decepcionar a los padres al no poder cumplir con las expectativas de éstos.

La mejor ama para solucionar este problema será un buena comunicación entre padres e hijos y la posibilidad de brindarle la confianza necesaria para que el niño se exprese lo que le pasa sin temor a que lo castiguen.

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