La difícil tarea de ejercer la autoridad con nuestros hijos

La autoridad de los padres

Los adultos se debaten entre mostrarse firmes ante los hijos o permitirles hasta el más mínimo capricho, solo por el temor a que no los quieran más. Lo primero que hay que tener bien en claro, es que enseñar a obedecer se aprende solo cuando quien manda u ordena, lo hace de manera equilibrada y coherente.

Es muy importante crear el acto de la obediencia en los niños desde muy pequeños, y este hábito esté acompañado por el deseo de lograr hijos independientes y responsables, tanto en la niñez como en su adultez.

Porqué debemos ejercer autoridad sobre nuestros hijos

Lo más cómodo suele ser dejar hacer lo que el niño quiera, no marcar límites, sobreproteger, en pocas palabras “malcriar”, lo que desencadenará seguramente en un niño desobediente y en un futuro adulto poco respetuoso e incapaz de cumplir con simples normas de convivencia.

Contrariamente a esta situación, nos podemos encontrar con padres autoritarios, que actúan con fuerza, amparándose en ser los mayores, y que solo lograrán que sus niños sean de carácter inseguro a temprana edad y se rebelen cuando comiencen la adolescencia.

Lo esencial en el arte de mandar es el crédito de lo que decimos. Este crédito no se compra ni se puede pedir prestado por un tiempo, sino que se adquiere y crece cada vez que estamos frente a los hijos, cuando existe coherencia entre lo que piensan y dicen y entre los que hacen y ordenan. Es decir, obrar con el ejemplo.

Cómo lograr autoridad sobre nuestros hijos, ayudándolos a crecer

Si deseamos lograr entonces, obediencia y niños seguros, confiados y responsables, hay ciertas actitudes que debemos evitar o ciertas cosas que no debemos decir:

  • Tratar de no estar todo el tiempo dando órdenes a los niños; vestite, bañate, anda a comprar, levanta eso...
  • Ubicarnos en la mente de los niños, si queremos que hagan algo, no nos vayamos por las ramas para solicitarlo, debemos ser claros y concisos. Ordenes confusas seguramente terminarán sin ser realizadas o llevadas a cabo sin lograr el resultado deseado.
  • Darle argumentos concretos, el tan conocido “porque yo lo digo” o “porque yo quiero que lo hagas” son frases que podemos hacer que se cumplan sin protestar solo en niños, a medida que vayan creciendo, solo lograremos que se rebelen ante esa razón. Lo mejor es explicar porque se debe hacer tal o cual cosa, aunque no les agrade, al menos ya conocen el fin de la misma.
  • No pidamos a los niños pequeños que realicen tareas que son imposibles para ellos, porque en ese caso solo lograremos dañar su autoestima y que se sientan incapaces o inútiles. Y si las primeras veces no logramos que realicen la tarea tal como deseamos, no hay que recriminárselo, sino felicitarlos y decirles: “muy bien, considerando que es la primera vez…seguramente con el tiempo podrás realizarla mejor, muchas gracias por ayudarme”.
  • No negociar “si haces eso, te llevaré de paseo", o  "si lo terminas pronto, te reglaré un caramelo”. De esta manera estamos logrando buenos comerciantes y no futuros adultos responsables.

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